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domingo, 11 de enero de 2015

Conclusiones sobre el concepto de 'educación'

Utilizamos el concepto de persona porque éste conlleva los significados de singularidad, unicidad, excelencia. Es decir, una persona no es un individuo más de una especie, sino alguien con unas características comunes a su especie, lógicamente, pero que, a la vez, es insustituible, único. Engloba todas las dimensiones propias del ser humano, pero que cada uno las actualiza de forma personal y singular. De ahí el valor innegable de cada persona, y la trascendencia de la educación para ayudarle a desarrollar todas sus posibilidades de modo diferenciador. En consecuencia, entendemos como educación:

«Todo proceso permanente dirigido a la optimización de la persona en el ser, el cono­cer, el hacer y el convivir».

En esta definición entendemos que están implícitos los siguientes rasgos:

- Proceso, al tratarse tanto de una operación en el tiempo, como una propuesta y desarrollo de una secuencia de acciones. Acción que implica a la propia persona, ya que la educación es el proceso y resultado del obrar de cada uno consigo mismo. Se exige también la acción externa, la actividad del propio sujeto y de otros, pero todas ellas dirigidas a la consecución del desarrollo pleno. Al ser acción se exige que ésta se lleve a cabo de modo constante, dentro de un continuum.




- Permanente, ya que la educación como algo específico del ser humano deberá llevarse a cabo a lo largo de toda la vida, es un proceso que no termina nunca y que permite ordenar las distintas etapas, preparar las transiciones, diversificar, valorizar las trayectorias vitales de cada sujeto (Delors, 1996).


- De optimización, ya que todo hombre está llamado a desarrollar plenamente sus capacidades, a lograr la madurez en cada una de sus etapas vitales. Esta mejora, lógicamente, implica la intencionalidad de esa acción, nunca deberá ser una tarea que se deja al azar, sino que está dirigida por una finalidad, por una intención positiva -implícita o explícita- que marcará las características de ese aprendizaje. De la optimización también se desprende el necesario carácter normativo de la educación, como tarea. Ahora, aunque siempre hablamos del desarrollo de todas las capacidades humanas, ese proceso de optimización debe centrarse, como elemento integrador de todas las demás, en cuatro pilares básicos, tal como destaca el reciente informe Delors (1996): aprender a ser, a hacer, a conocer y a convivir, pilares que también podemos sintetizar como procesos de humanización y de civilización.



   Aprender a convivir, aprender a vivir juntos conociendo mejor a los demás, crear un espíritu nuevo que impulse la realización de proyectos comunes o la solución inteligente de cualquier conflicto.

· Aprender a conocer, «(...) teniendo en cuenta los rápidos cambios derivados de los avances de la ciencia y las nuevas formas de la actividad económica y social, conviene compaginar una cultura general suficientemente amplia (...) pasaporte para una educación permanente (...)», con la capacidad de aprender a aprender.

· Aprender a hacer, aprender competencias específicas para atender el trabajo, la capacidad de iniciativa, trabajar en equipo, la ayuda a los demás, el cuidado del entorno...

· Aprender a ser, ya que la educación deberá contribuir, en definitiva, al desarrollo integral de cada persona, al fomento de su responsabilidad, de formar un pensamiento crítico y autónomo... de tal forma que sea capaz de afrontar su propio proyecto vital.

Concepto de educación

Todo el mundo tiene algo que decir si se le pregunta sobre la educación. Ésta es objeto de debate desde varias perspectivas. Los especialistas se reúnen periódicamente y debaten aspectos relativos a la misma. Casi todos los días en los medios de comunicación se hace referencia a la educación, sea directa o indirectamente. Los políticos también tratan temas educativos. En general, la sociedad se manifiesta a favor o en contra de cualquier cuestión referida al sistema educativo; los padres participan en los procesos educativos institucionalizados, las instituciones sociales también.



La educación ha dejado de ser territorio exclusivo de las personas directa y tradicionalmente implicadas en ella como la familia y los profesionales. Se ha convertido, por su repercusión en el desarrollo de los pueblos, en una cuestión básica para la sociedad y por tanto exige atención y participación en ella. Actualmente, es un asunto de Estado y supra estatal. Es por ello que la educación se constituye en un derecho y un deber particular y público, en un bien adscrito a la persona y a la comunidad (Sanvisens, 1984).

La educación por tanto es tan antigua como la propia historia del hombre. La base biológica de la educación es precisamente su estado intrínseco de carencia en relación a otras especies. El ser humano nace con dos cualidades: extremadamente necesitado y abierto a adaptarse, a aprender. Esta apertura pluripotencial está en la base de la educabilidad.



La educación así es una cualidad trascendente al ser humano, que le relaciona con el entorno, con las demás personas precedentes, actuales o que vendrán; trasciende su aquí y ahora; poniéndole en contacto también tanto con los cercanos como con los que están en la otra parte del planeta.

El concepto de educación puede observarse desde múltiples perspectivas: psicológica, histórica, filosófica, política, económica, biológica, religiosa, artística o técnica. La teoría de la educación busca hacer síntesis de estas disciplinas para poder sacar conclusiones en el ámbito pedagógico.

Debemos huir de comprender la educación como un acto determinista, predecible; en este caso hablaríamos de adiestrar. Educar siempre es en parte educar-se, y por tanto tiene mucho de protagonismo el propio sujeto, de autonomía y autogestión.