domingo, 11 de enero de 2015
Etimología de educación
No es posible acercarnos a un concepto de la amplitud y la complejidad de las de la educación sin analizar su especificidad etimológica, puesto que nos conduce hacia dos acepciones distintas del término, enfrentadas unas veces y articuladas otras a lo largo de la historia de la experiencia y la reflexión educativa del ser humano.
Pocos vocablos como el que nos ocupa han suscitado tanto debate y levantado tantas susceptibilidades, de parte de los especialistas y también desde los acontecimientos históricos socio-culturales: la educación ha sido y es un mecanismo de reforma y regeneración social fundamental, reivindicado por todos los modelos de sociedad, por los movimientos intelectuales innovadores y por los regímenes políticos que ha contemplado la humanidad.
El verbo educar aparece en la lengua castellano alrededor del año 1630 (cfr. Corominas), así como también en ese siglo aparece también el nombre educación.
Educare procede del latín de ducere, alimentar, nutrir. Ese primer significado remite a un modelo adaptativo y reproductor del proceso educativo. La educación como transmisión de conocimientos y actitudes estaría situada en ese mismo contexto semántico. Educar sería un mecanismo de inserción del educando en la sociedad y la cultura.
Educere. La palabra educación procede también del vocablo latino educere de e (o ex, prefijo que significa desde) y ducere (sacar afuera, extraer, conducir. esta procedencia se refiere a la educación como un proceso de desplegamiento de las posibilidades del educando. Educar significa explicitar, con-formar, lo que de modo latente yace en la particularidad de cada sujeto educando, respetando su especificidad.
Optar por una u otra procedencia etimológica implica unas consecuencias u otras.
En el primer caso se hace referencia a una actitud pasiva del sujeto, donde la acción le viene de fuera, el actor es el educador; en el segundo el protagonista es precisamente el educando. Probablemente lo adecuado sea platear la síntesis: la interacción, los procesos entre el educador y el educando.
Proceda de uno u otro término, todos tienen en común que aluden a un auxilio de unas personas sobre otras. La opción por alguno de ellos lleva a hacer más hincapié en la influencia exterior (en el caso de educare) o que el protagonista sea el educando/a (en el caso de educere o educare). Esta ambivalencia etimológica no debe conducir a confusión ni a la necesidad de optar entre ellas. Actualmente influencia externa y desarrollo interior son necesarios y se complementan en la definición de educación. Así, se entiende que la intervención del educador/a permite que el educando/a adquiera grados mayores de autonomía erigiéndose en el principal motor de su propia educación.
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