domingo, 11 de enero de 2015

Educación - Comunicación

Como cualquier realidad que pretendamos estudiar, la educación se nos presenta con múltiples facetas que interactúan entre sí. Este fenómeno se hace más complejo si consideramos que los protagonistas de la educación son personas (objeto de estudio: educando/a; y sujeto que lo estudia: investigador/a). Tanto en uno como en otro intervienen múltiples factores o variables que dificultan el conocimiento de los procesos educativos.



En el proceso educativo pueden intervenir acciones planificadas y/o difusas y además interacciones planificadas y/o difusas. Cuando predominan las relaciones difusas la educación proviene del contexto socio-natural (cultura, medios de comunicación, familias...); cuando predominan las planificadas se dice que el agente educativo es la institución educativa (oficialidad, proyectos, planificación, profesionalidad).

Ya que la educación es básicamente interacción, tenemos que recurrir a los procesos propios de la comunicación. La educación se basa en el hecho básico de la comunicación; sin ésta no se podría dar el hecho educativo.

La comunicación tiene varios elementos que entran en juego: la intencionalidad, la semántica, la lógica, la dimensión pragmática o experiencial, la moralidad... aunque nos pueda parecer sencillo el hecho comunicativo como elemento fundamental de la educación es un hecho complejo propiamente del hombre y de una riqueza ilimitada.

El esquema básico es: emisor (con su intencionalidad), mensaje (con su codificación-decodificación), canal (con su soporte, durabilidad...), receptor (con sus prejuicios), las barreras o ruidos del contexto y resultado final. Este esquema se completa y perfecciona con la bidireccionalidad, base del diálogo y que en educación evidencia que el papel de educador y educando son intercambiables.

En la educación el emisor es la fuente de la comunicación, la puesta en marcha del proceso, marca la primera intencionalidad, pero una vez se desencadena el proceso educativo es imprevisible el derrotero y el resultado final.



La tarea educativa debe dedicar mucho esfuerzo a precisar la codificación y decodificación, esa habilidad permite la conexión adecuada, evita los equívocos y facilita el traspaso de información. El lenguaje es el vehículo básico e imprescindible tanto para la comunicación como para la educación, por eso es la herramienta básica del educador y del educando, cuidarlo, enriquecerlo con otros tipos de lenguaje (no verbal, incidental...) y dominarlo es fundamental para el quehacer educativo.

Junto a las técnicas de comunicación está el dominio de los contenidos. Junto al cómo, el qué; esto exige también conocer los contextos ambivalentes, las posibilidades de ambigüedad, etc. La transmisión de hechos, experiencias, cifras, estados de ánimo o habilidades artísticas, exige estar cerca de esos mundos, sus causas y consecuencias.

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