lunes, 12 de enero de 2015
domingo, 11 de enero de 2015
Conclusiones sobre el concepto de 'educación'
Utilizamos el concepto de persona porque éste conlleva los significados de singularidad, unicidad, excelencia. Es decir, una persona no es un individuo más de una especie, sino alguien con unas características comunes a su especie, lógicamente, pero que, a la vez, es insustituible, único. Engloba todas las dimensiones propias del ser humano, pero que cada uno las actualiza de forma personal y singular. De ahí el valor innegable de cada persona, y la trascendencia de la educación para ayudarle a desarrollar todas sus posibilidades de modo diferenciador. En consecuencia, entendemos como educación:
«Todo proceso permanente dirigido a la optimización de la persona en el ser, el conocer, el hacer y el convivir».
En esta definición entendemos que están implícitos los siguientes rasgos:
- Proceso, al tratarse tanto de una operación en el tiempo, como una propuesta y desarrollo de una secuencia de acciones. Acción que implica a la propia persona, ya que la educación es el proceso y resultado del obrar de cada uno consigo mismo. Se exige también la acción externa, la actividad del propio sujeto y de otros, pero todas ellas dirigidas a la consecución del desarrollo pleno. Al ser acción se exige que ésta se lleve a cabo de modo constante, dentro de un continuum.
- Permanente, ya que la educación como algo específico del ser humano deberá llevarse a cabo a lo largo de toda la vida, es un proceso que no termina nunca y que permite ordenar las distintas etapas, preparar las transiciones, diversificar, valorizar las trayectorias vitales de cada sujeto (Delors, 1996).
- De optimización, ya que todo hombre está llamado a desarrollar plenamente sus capacidades, a lograr la madurez en cada una de sus etapas vitales. Esta mejora, lógicamente, implica la intencionalidad de esa acción, nunca deberá ser una tarea que se deja al azar, sino que está dirigida por una finalidad, por una intención positiva -implícita o explícita- que marcará las características de ese aprendizaje. De la optimización también se desprende el necesario carácter normativo de la educación, como tarea. Ahora, aunque siempre hablamos del desarrollo de todas las capacidades humanas, ese proceso de optimización debe centrarse, como elemento integrador de todas las demás, en cuatro pilares básicos, tal como destaca el reciente informe Delors (1996): aprender a ser, a hacer, a conocer y a convivir, pilares que también podemos sintetizar como procesos de humanización y de civilización.
Aprender a convivir, aprender a vivir juntos conociendo mejor a los demás, crear un espíritu nuevo que impulse la realización de proyectos comunes o la solución inteligente de cualquier conflicto.
· Aprender a conocer, «(...) teniendo en cuenta los rápidos cambios derivados de los avances de la ciencia y las nuevas formas de la actividad económica y social, conviene compaginar una cultura general suficientemente amplia (...) pasaporte para una educación permanente (...)», con la capacidad de aprender a aprender.
· Aprender a hacer, aprender competencias específicas para atender el trabajo, la capacidad de iniciativa, trabajar en equipo, la ayuda a los demás, el cuidado del entorno...
· Aprender a ser, ya que la educación deberá contribuir, en definitiva, al desarrollo integral de cada persona, al fomento de su responsabilidad, de formar un pensamiento crítico y autónomo... de tal forma que sea capaz de afrontar su propio proyecto vital.
«Todo proceso permanente dirigido a la optimización de la persona en el ser, el conocer, el hacer y el convivir».
En esta definición entendemos que están implícitos los siguientes rasgos:
- Proceso, al tratarse tanto de una operación en el tiempo, como una propuesta y desarrollo de una secuencia de acciones. Acción que implica a la propia persona, ya que la educación es el proceso y resultado del obrar de cada uno consigo mismo. Se exige también la acción externa, la actividad del propio sujeto y de otros, pero todas ellas dirigidas a la consecución del desarrollo pleno. Al ser acción se exige que ésta se lleve a cabo de modo constante, dentro de un continuum.
- Permanente, ya que la educación como algo específico del ser humano deberá llevarse a cabo a lo largo de toda la vida, es un proceso que no termina nunca y que permite ordenar las distintas etapas, preparar las transiciones, diversificar, valorizar las trayectorias vitales de cada sujeto (Delors, 1996).
- De optimización, ya que todo hombre está llamado a desarrollar plenamente sus capacidades, a lograr la madurez en cada una de sus etapas vitales. Esta mejora, lógicamente, implica la intencionalidad de esa acción, nunca deberá ser una tarea que se deja al azar, sino que está dirigida por una finalidad, por una intención positiva -implícita o explícita- que marcará las características de ese aprendizaje. De la optimización también se desprende el necesario carácter normativo de la educación, como tarea. Ahora, aunque siempre hablamos del desarrollo de todas las capacidades humanas, ese proceso de optimización debe centrarse, como elemento integrador de todas las demás, en cuatro pilares básicos, tal como destaca el reciente informe Delors (1996): aprender a ser, a hacer, a conocer y a convivir, pilares que también podemos sintetizar como procesos de humanización y de civilización.
Aprender a convivir, aprender a vivir juntos conociendo mejor a los demás, crear un espíritu nuevo que impulse la realización de proyectos comunes o la solución inteligente de cualquier conflicto.
· Aprender a conocer, «(...) teniendo en cuenta los rápidos cambios derivados de los avances de la ciencia y las nuevas formas de la actividad económica y social, conviene compaginar una cultura general suficientemente amplia (...) pasaporte para una educación permanente (...)», con la capacidad de aprender a aprender.
· Aprender a hacer, aprender competencias específicas para atender el trabajo, la capacidad de iniciativa, trabajar en equipo, la ayuda a los demás, el cuidado del entorno...
· Aprender a ser, ya que la educación deberá contribuir, en definitiva, al desarrollo integral de cada persona, al fomento de su responsabilidad, de formar un pensamiento crítico y autónomo... de tal forma que sea capaz de afrontar su propio proyecto vital.
Educación para toda la vida
-Aprender a aprender-
La educación, además, es una actividad permanentemente inacabada. En los años setenta aparece el concepto de educación permanente, coincidiendo con el Año Internacional de la Educación declarado por la UNESCO. Lengrand (1970) asocia esa nueva dimensión del concepto a los factores históricos que lo condicionan: la aceleración de los cambios, la expansión demográfica, la evolución de los conocimientos científicos y tecnológicos, la información, el desafío de la política mundial y la aparición del tiempo de ocio.
Existen también, y tienen un peso fundamental, los cambios en los modelos de vida y de las relaciones y la crisis de las ideologías. Por ello la educación es dinámica y debe renovarse contantemente en sus objetivos particulares, en sus contenidos y en sus métodos, de modo que pueda tener en cuenta las transformaciones en curso, los problemas nuevos que surgen y las perspectivas de vida que esperan a las personas implicadas en las distintas modalidades del proceso educativo.
Veamos con el siguiente ejemplo de Rovirosa (1955) como se pone de manifiesto la importancia de los métodos en relación a los cambios tecnológicos para alcanzar siempre un mismo fin: humanizar la vida.
APRENDIZAJE PARA TODA LA VIDA (UNESCO): pincha aquí.
La educación, además, es una actividad permanentemente inacabada. En los años setenta aparece el concepto de educación permanente, coincidiendo con el Año Internacional de la Educación declarado por la UNESCO. Lengrand (1970) asocia esa nueva dimensión del concepto a los factores históricos que lo condicionan: la aceleración de los cambios, la expansión demográfica, la evolución de los conocimientos científicos y tecnológicos, la información, el desafío de la política mundial y la aparición del tiempo de ocio.
Existen también, y tienen un peso fundamental, los cambios en los modelos de vida y de las relaciones y la crisis de las ideologías. Por ello la educación es dinámica y debe renovarse contantemente en sus objetivos particulares, en sus contenidos y en sus métodos, de modo que pueda tener en cuenta las transformaciones en curso, los problemas nuevos que surgen y las perspectivas de vida que esperan a las personas implicadas en las distintas modalidades del proceso educativo.
Veamos con el siguiente ejemplo de Rovirosa (1955) como se pone de manifiesto la importancia de los métodos en relación a los cambios tecnológicos para alcanzar siempre un mismo fin: humanizar la vida.
APRENDIZAJE PARA TODA LA VIDA (UNESCO): pincha aquí.
La educación "humaniza"
El proceso educativo permite construir, configurar, un sujeto individual, único e irrepetible, que se relaciona con los miembros del grupo al que pertenece y al que el modelo de interacción con su entorno permite una progresión consciente y ética. En este sentido decimos que la educación humaniza. Sin la interacción educativa no sería posible el desarrollo bio-neurológico del sujeto, ni tampoco su acceso a la construcción cultural. La humanidad es un diálogo entre la naturaleza y la cultura. Las dos acepciones son complementarias entre sí.
La educación se constituye, además, como un proceso dinámico en continua articulación entre lo que adapta y lo que innova, pesar de las dificultades y contradicciones que ese funcionamiento genera. La acción del tiempo en la educación es fundamental, puesto que constituye el resultado de la combinación de una serie de elementos en el marco de un sistema cultural que rige un determinado lugar y para una cierta época. La educación es la fusión de horizontes, transmite el pasado desde un presenta socio-cultural y proyectando un futuro desde la interpretación que de ese pasado ejecuta el presente (Gadamer, 1988).
Hasta qué punto el proceso educativo presenta un componente artístico o intuitivo en su construcción, o hasta qué punto la educación puede ser totalmente sistematizada, es uno de los aspectos en debate en la gran variedad de definiciones del vocablo que se han barajado a lo largo de la historia del pensamiento.
Desde los ideales de la Paideia griega que estructuraron la educación entorno a la adquisición de la areté –la virtud- a través del cultivo de las artes y de la filosofía (lo que en términos clásicos vendría a ser el humanismo), pasando por el conductismo anglo-sajón de Skinner, que en los años cincuenta defendía la educación como una modalidad de tecnología de la conducta, hasta nuestros días, en que se concibe la educación como la adquisición significativa de conocimientos en cambio permanente, el concepto ha ido transformándose en función del momento histórico y cultural, dando más o menos peso a la capacidad de aprendizaje de los seres humanos: qué pueden aprender, cómo lo hacen, y especialmente, qué es lo fundamental para poder decir que un hombre o una mujer fueron correctamente educados.
La educación se constituye, además, como un proceso dinámico en continua articulación entre lo que adapta y lo que innova, pesar de las dificultades y contradicciones que ese funcionamiento genera. La acción del tiempo en la educación es fundamental, puesto que constituye el resultado de la combinación de una serie de elementos en el marco de un sistema cultural que rige un determinado lugar y para una cierta época. La educación es la fusión de horizontes, transmite el pasado desde un presenta socio-cultural y proyectando un futuro desde la interpretación que de ese pasado ejecuta el presente (Gadamer, 1988).
Hasta qué punto el proceso educativo presenta un componente artístico o intuitivo en su construcción, o hasta qué punto la educación puede ser totalmente sistematizada, es uno de los aspectos en debate en la gran variedad de definiciones del vocablo que se han barajado a lo largo de la historia del pensamiento.
Padeia Griega
Desde los ideales de la Paideia griega que estructuraron la educación entorno a la adquisición de la areté –la virtud- a través del cultivo de las artes y de la filosofía (lo que en términos clásicos vendría a ser el humanismo), pasando por el conductismo anglo-sajón de Skinner, que en los años cincuenta defendía la educación como una modalidad de tecnología de la conducta, hasta nuestros días, en que se concibe la educación como la adquisición significativa de conocimientos en cambio permanente, el concepto ha ido transformándose en función del momento histórico y cultural, dando más o menos peso a la capacidad de aprendizaje de los seres humanos: qué pueden aprender, cómo lo hacen, y especialmente, qué es lo fundamental para poder decir que un hombre o una mujer fueron correctamente educados.
Características de la Educación
Notas características, enumerándolas y explicando cada una de ellas (cfr. Ferrández y Sarramona, 1985; Castillejo Brull, 1983; Sanvisens Marfull, 1.987; García Aretio, 1.989; Casares García, 1990). Las más comunes son las siguientes:
1.- Perfeccionamiento.- Educar es hacer a la persona mejor de lo que es. El ser humano nace inacabado: la educación desarrolla nuestras facultades potenciales y las actualiza, es decir, nos coloca en situación de pasar de la potencia al acto. La educación crea hábitos positivos y neutraliza los negativos. Educar es optimizar: llevar del estado real al ideal, de acuerdo con las propias capacidades y con los planteamientos socio-histórico-culturales. Exige de quien educa, considerar y definir qué es lo óptimo.
2.- Finalidad.- La idea de perfeccionamiento exige plantearse qué es lo que se desea alcanzar: qué es lo bueno, lo mejor, lo más perfecto, lo óptimo, el estado definitivo al que deseamos aproximamos. La educación pretende la realización del ser humano: que llegue a ser lo que puede y debe ser, que alcance su plenitud. Y ello se define a partir "de un cuadro axiológico que hace deseable el fin propuesto y constituye la base que orienta el proceso educativo" (Casares García, 1990). Se entiende por axiología a la teoría general de los valores que trata de determinar la naturaleza y carácter de los valores y de los juicios de valor. Valor.- "Aquello que todos pretenden, lo que rompe su indiferencia y les mueve a obrar" (Marín, 1990:172).
La subjetividad en la opción por lo axiológico hace que no haya unanimidad en la elección de los objetivos de la educación: "la opinión en torno a su determinación no es unánime, así como tampoco la prioridad de unos sobre otros en torno a la consecución de la perfección humana. No obstante, una realidad ha estado siempre patente: no se puede educar sin finalidad. Se podrá discutir si los fines los determina el Estado, la familia o el mismo sujeto; si lo biológico precede a lo espiritual, o a la inversa; si fundamentalmente la educación es individual o social, si la finalidad radica en el sujeto o fuera de él, etc. De lo que no cabe discusión alguna es del sentido teleológico de la educación, sea éste cual sea. La historia nos enseña cómo a través de los siglos unas finalidades han prevalecido sobre otras, unos valores sobre otros. La filosofía dominante, el poder político en turno, las creencias religiosas, etc., han sido siempre y son elementos históricos condicionantes de la teleología educativa" (Gervilla Castillo, 1987: 333).
3.- Intencionalidad.- Hablar de finalidad hace presuponer un propósito de alcanzarla, y un propósito es siempre deliberado y consciente, es decir: intencional. La presencia de finalidades nos mueve a buscar los métodos y los medios necesarios para alcanzarlas. La educación se planifica porque deseamos conseguir el fin propuesto. Por tanto, el proceso educativo no es involuntario, sino deliberado, intencional. Ello distingue la educación de la mera evolución psicofísica y nos la define como artificio que transforma en cierto sentido la naturaleza humana, en este sentido, la educación "es algo que se adquiere y con lo que no se nace; algo que no se puede confundir con la naturaleza del hombre" (Castillejo, 1.978: 17). La intención debería ser compartida por educador y educando lo que supone consenso, comprensión y/o aceptación de los fines y la búsqueda de los medios por parte de ambos. "Rigurosamente, la intencionalidad reside en el sujeto que se educa y en los primeros estadios de la vida no puede haberla. Esta, entonces, es suplida por el educador y progresivamente debe ir adquiriéndola el sujeto, a medida que se hace presente lo que antes no era perceptible" (Castillejo, 1.978: 21).
4.- Humanidad.- La educación es una actividad humana cuyo destinatario es la propia persona. Se dirige a la totalidad del ser humano pero, sobre todo, el rasgo "humanidad" se refiere a aspectos intelectuales y volitivos, racionalidad y voluntad. La humanidad de la educación viene dada, además, por el hecho de ser consciente propio de la educación misma: yo sé que educo como puedo y también tengo derecho a saber que se me educa. Esta conciencia de lo educativo está vinculada a lo teleológico y a lo intencional, situando a la educación por encima de lo meramente biológico y de lo meramente ambiental. Por último, la educación tiene presente la dignidad de la persona, el respeto que, en cuanto persona, se le debe a cada ser humano: un acto que persiga una finalidad educativa, pero que recurre, por ejemplo, a la violencia, no es educativo porque no trata al educando como su dignidad humana exige (también cabría cuestionar la humanidad del educador), porque indirectamente, del modo de educar también se aprende y, en este caso, puede que se esté enseñando a la persona a ser pusilánime, resentida o violenta, lo cual no la hace más humana, ni mejor, ni más perfecta y, por lo tanto, ni siquiera es deseable como finalidad educativa.
5.- Influencia.- Tal como dejaba entrever el sentido etimológico de "educare", la educación es influencia porque supone acción de una persona sobre otra que experimenta los efectos de esa intervención. Ahora bien, no toda influencia es educación, por ello, como ya hemos señalado, el educando, debe tener conciencia tanto de la finalidad que se persigue, como del tipo de intervención y las consecuencias que tendrá todo ello para el educando, y estar de acuerdo con lo uno y con lo otro.
6.- Integralidad.- El ser humano es un todo integrado, una unidad, y es el ser humano a quien se educa, la educación debe dirigirse a perfeccionar la totalidad de sus dimensiones (física, intelectual, social, moral, afectiva...). Cuando hablamos de integralidad queremos decir, pues, que la educación debe afectar a las dimensiones de la persona, es decir: la educación debe ser integral. Es necesario cultivar saberes, incrementar el bagaje cultural y la preparación técnica de la persona; pero a éstos deben unirse otros objetivos para que la educación sea integral.
7.- Actividad.- La educación implica acción. En cuanto proceso, deben concurrir en ella la actividad del educador y la actividad del educando; lo activo tiene, pues, un doble sentido:
- Atendiendo a la función del educador, que trata de influir sobre otros y favorecer en ellos procesos perfectivos sistematizados, es decir, estructurando en ellos ideas, necesidades, actitudes, etc., para presentarlas de modo ordenado y coherente. Ello está en relación con el diseño de una programación de aula propia que abarca desde el establecimiento de objetivos, contenidos, actividades, temporalización, medios, y evaluación, hasta el feed-back que revisa todo el proceso.
- Atendiendo a la función del educando, éste no solo recibe informaciones, sino que las decodifica, las clasifica, establece relaciones con informaciones previas, las aplica, en definitiva, las integra activamente en una estructura personal
8.- Proceso gradual.- La educación, como se ha señalado, pone en juego la dinámica proceso/producto, de tal manera que cada producto que se obtiene es un eslabón en la cadena. También se alude aquí a la necesidad de presentar los contenidos de instrucción de lo fácil a lo difícil, de lo particular a lo general, de las estructuras simples a las complejas, de la realidad próxima a la remota.
9.- Socialización.- El hombre es un ser que vive en sociedad. Los grupos sociales (nación, estado, familia, iglesias...) tratan de transmitir su cultura (lenguaje, costumbres, creencias, normas de conducta, conocimientos, habilidades...) a sus miembros. En este sentido, la educación es socialización. Este proceso salvaguarda la identidad del grupo y adapta al individuo para que viva en él estableciendo relaciones satisfactorias con sus semejantes y participando como miembro activo y productivo.
10.- Continuidad.- La educación es un proceso permanente. Si a través de ella buscamos el perfeccionamiento de las personas, mientras exista la posibilidad de mejora en el individuo, puede y debe haber educación. Puesto que el hombre está permanentemente inacabado, la educación puede abordar todas las etapas de su vida.
11.- Autorrealización.- La educación conduce al hombre a su propia autonomía. Una vez alcanzado cierto grado de madurez, la persona, a partir de sus necesidades e intereses traza sus propias finalidades educativas, busca los medios para alcanzarlas, se aproxima al ideal decidido por sí misma...: se ha convertido en su propio educador. Se podría decir que la persona ha dado el paso de la dependencia a la independencia, de la rigidez al proceso de cambio que ha deseado, elegido y al que ha dado sentido perfectivo, tratando de favorecer su desarrollo integral.
1.- Perfeccionamiento.- Educar es hacer a la persona mejor de lo que es. El ser humano nace inacabado: la educación desarrolla nuestras facultades potenciales y las actualiza, es decir, nos coloca en situación de pasar de la potencia al acto. La educación crea hábitos positivos y neutraliza los negativos. Educar es optimizar: llevar del estado real al ideal, de acuerdo con las propias capacidades y con los planteamientos socio-histórico-culturales. Exige de quien educa, considerar y definir qué es lo óptimo.
2.- Finalidad.- La idea de perfeccionamiento exige plantearse qué es lo que se desea alcanzar: qué es lo bueno, lo mejor, lo más perfecto, lo óptimo, el estado definitivo al que deseamos aproximamos. La educación pretende la realización del ser humano: que llegue a ser lo que puede y debe ser, que alcance su plenitud. Y ello se define a partir "de un cuadro axiológico que hace deseable el fin propuesto y constituye la base que orienta el proceso educativo" (Casares García, 1990). Se entiende por axiología a la teoría general de los valores que trata de determinar la naturaleza y carácter de los valores y de los juicios de valor. Valor.- "Aquello que todos pretenden, lo que rompe su indiferencia y les mueve a obrar" (Marín, 1990:172).
La subjetividad en la opción por lo axiológico hace que no haya unanimidad en la elección de los objetivos de la educación: "la opinión en torno a su determinación no es unánime, así como tampoco la prioridad de unos sobre otros en torno a la consecución de la perfección humana. No obstante, una realidad ha estado siempre patente: no se puede educar sin finalidad. Se podrá discutir si los fines los determina el Estado, la familia o el mismo sujeto; si lo biológico precede a lo espiritual, o a la inversa; si fundamentalmente la educación es individual o social, si la finalidad radica en el sujeto o fuera de él, etc. De lo que no cabe discusión alguna es del sentido teleológico de la educación, sea éste cual sea. La historia nos enseña cómo a través de los siglos unas finalidades han prevalecido sobre otras, unos valores sobre otros. La filosofía dominante, el poder político en turno, las creencias religiosas, etc., han sido siempre y son elementos históricos condicionantes de la teleología educativa" (Gervilla Castillo, 1987: 333).
3.- Intencionalidad.- Hablar de finalidad hace presuponer un propósito de alcanzarla, y un propósito es siempre deliberado y consciente, es decir: intencional. La presencia de finalidades nos mueve a buscar los métodos y los medios necesarios para alcanzarlas. La educación se planifica porque deseamos conseguir el fin propuesto. Por tanto, el proceso educativo no es involuntario, sino deliberado, intencional. Ello distingue la educación de la mera evolución psicofísica y nos la define como artificio que transforma en cierto sentido la naturaleza humana, en este sentido, la educación "es algo que se adquiere y con lo que no se nace; algo que no se puede confundir con la naturaleza del hombre" (Castillejo, 1.978: 17). La intención debería ser compartida por educador y educando lo que supone consenso, comprensión y/o aceptación de los fines y la búsqueda de los medios por parte de ambos. "Rigurosamente, la intencionalidad reside en el sujeto que se educa y en los primeros estadios de la vida no puede haberla. Esta, entonces, es suplida por el educador y progresivamente debe ir adquiriéndola el sujeto, a medida que se hace presente lo que antes no era perceptible" (Castillejo, 1.978: 21).
4.- Humanidad.- La educación es una actividad humana cuyo destinatario es la propia persona. Se dirige a la totalidad del ser humano pero, sobre todo, el rasgo "humanidad" se refiere a aspectos intelectuales y volitivos, racionalidad y voluntad. La humanidad de la educación viene dada, además, por el hecho de ser consciente propio de la educación misma: yo sé que educo como puedo y también tengo derecho a saber que se me educa. Esta conciencia de lo educativo está vinculada a lo teleológico y a lo intencional, situando a la educación por encima de lo meramente biológico y de lo meramente ambiental. Por último, la educación tiene presente la dignidad de la persona, el respeto que, en cuanto persona, se le debe a cada ser humano: un acto que persiga una finalidad educativa, pero que recurre, por ejemplo, a la violencia, no es educativo porque no trata al educando como su dignidad humana exige (también cabría cuestionar la humanidad del educador), porque indirectamente, del modo de educar también se aprende y, en este caso, puede que se esté enseñando a la persona a ser pusilánime, resentida o violenta, lo cual no la hace más humana, ni mejor, ni más perfecta y, por lo tanto, ni siquiera es deseable como finalidad educativa.
5.- Influencia.- Tal como dejaba entrever el sentido etimológico de "educare", la educación es influencia porque supone acción de una persona sobre otra que experimenta los efectos de esa intervención. Ahora bien, no toda influencia es educación, por ello, como ya hemos señalado, el educando, debe tener conciencia tanto de la finalidad que se persigue, como del tipo de intervención y las consecuencias que tendrá todo ello para el educando, y estar de acuerdo con lo uno y con lo otro.
6.- Integralidad.- El ser humano es un todo integrado, una unidad, y es el ser humano a quien se educa, la educación debe dirigirse a perfeccionar la totalidad de sus dimensiones (física, intelectual, social, moral, afectiva...). Cuando hablamos de integralidad queremos decir, pues, que la educación debe afectar a las dimensiones de la persona, es decir: la educación debe ser integral. Es necesario cultivar saberes, incrementar el bagaje cultural y la preparación técnica de la persona; pero a éstos deben unirse otros objetivos para que la educación sea integral.
7.- Actividad.- La educación implica acción. En cuanto proceso, deben concurrir en ella la actividad del educador y la actividad del educando; lo activo tiene, pues, un doble sentido:
- Atendiendo a la función del educador, que trata de influir sobre otros y favorecer en ellos procesos perfectivos sistematizados, es decir, estructurando en ellos ideas, necesidades, actitudes, etc., para presentarlas de modo ordenado y coherente. Ello está en relación con el diseño de una programación de aula propia que abarca desde el establecimiento de objetivos, contenidos, actividades, temporalización, medios, y evaluación, hasta el feed-back que revisa todo el proceso.
- Atendiendo a la función del educando, éste no solo recibe informaciones, sino que las decodifica, las clasifica, establece relaciones con informaciones previas, las aplica, en definitiva, las integra activamente en una estructura personal
8.- Proceso gradual.- La educación, como se ha señalado, pone en juego la dinámica proceso/producto, de tal manera que cada producto que se obtiene es un eslabón en la cadena. También se alude aquí a la necesidad de presentar los contenidos de instrucción de lo fácil a lo difícil, de lo particular a lo general, de las estructuras simples a las complejas, de la realidad próxima a la remota.
9.- Socialización.- El hombre es un ser que vive en sociedad. Los grupos sociales (nación, estado, familia, iglesias...) tratan de transmitir su cultura (lenguaje, costumbres, creencias, normas de conducta, conocimientos, habilidades...) a sus miembros. En este sentido, la educación es socialización. Este proceso salvaguarda la identidad del grupo y adapta al individuo para que viva en él estableciendo relaciones satisfactorias con sus semejantes y participando como miembro activo y productivo.
10.- Continuidad.- La educación es un proceso permanente. Si a través de ella buscamos el perfeccionamiento de las personas, mientras exista la posibilidad de mejora en el individuo, puede y debe haber educación. Puesto que el hombre está permanentemente inacabado, la educación puede abordar todas las etapas de su vida.
11.- Autorrealización.- La educación conduce al hombre a su propia autonomía. Una vez alcanzado cierto grado de madurez, la persona, a partir de sus necesidades e intereses traza sus propias finalidades educativas, busca los medios para alcanzarlas, se aproxima al ideal decidido por sí misma...: se ha convertido en su propio educador. Se podría decir que la persona ha dado el paso de la dependencia a la independencia, de la rigidez al proceso de cambio que ha deseado, elegido y al que ha dado sentido perfectivo, tratando de favorecer su desarrollo integral.
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Etimología de educación
No es posible acercarnos a un concepto de la amplitud y la complejidad de las de la educación sin analizar su especificidad etimológica, puesto que nos conduce hacia dos acepciones distintas del término, enfrentadas unas veces y articuladas otras a lo largo de la historia de la experiencia y la reflexión educativa del ser humano.
Pocos vocablos como el que nos ocupa han suscitado tanto debate y levantado tantas susceptibilidades, de parte de los especialistas y también desde los acontecimientos históricos socio-culturales: la educación ha sido y es un mecanismo de reforma y regeneración social fundamental, reivindicado por todos los modelos de sociedad, por los movimientos intelectuales innovadores y por los regímenes políticos que ha contemplado la humanidad.
El verbo educar aparece en la lengua castellano alrededor del año 1630 (cfr. Corominas), así como también en ese siglo aparece también el nombre educación.
Educare procede del latín de ducere, alimentar, nutrir. Ese primer significado remite a un modelo adaptativo y reproductor del proceso educativo. La educación como transmisión de conocimientos y actitudes estaría situada en ese mismo contexto semántico. Educar sería un mecanismo de inserción del educando en la sociedad y la cultura.
Educere. La palabra educación procede también del vocablo latino educere de e (o ex, prefijo que significa desde) y ducere (sacar afuera, extraer, conducir. esta procedencia se refiere a la educación como un proceso de desplegamiento de las posibilidades del educando. Educar significa explicitar, con-formar, lo que de modo latente yace en la particularidad de cada sujeto educando, respetando su especificidad.
Optar por una u otra procedencia etimológica implica unas consecuencias u otras.
En el primer caso se hace referencia a una actitud pasiva del sujeto, donde la acción le viene de fuera, el actor es el educador; en el segundo el protagonista es precisamente el educando. Probablemente lo adecuado sea platear la síntesis: la interacción, los procesos entre el educador y el educando.
Proceda de uno u otro término, todos tienen en común que aluden a un auxilio de unas personas sobre otras. La opción por alguno de ellos lleva a hacer más hincapié en la influencia exterior (en el caso de educare) o que el protagonista sea el educando/a (en el caso de educere o educare). Esta ambivalencia etimológica no debe conducir a confusión ni a la necesidad de optar entre ellas. Actualmente influencia externa y desarrollo interior son necesarios y se complementan en la definición de educación. Así, se entiende que la intervención del educador/a permite que el educando/a adquiera grados mayores de autonomía erigiéndose en el principal motor de su propia educación.
La importancia del lenguaje
La lengua es un fenómeno social frente al habla que es individual, es el modo de expresarse una persona hablando una lengua. En el lenguaje entran también las relaciones abstractas sistemáticas de signos articulados con su referencia a la realidad socialmente designada. Es la unión de lo virtual y lo real en el mundo de lo social e individual. En el lenguaje están implicados los aspectos fonéticos con una gran cantidad de aspectos fisiológicos, psíquicos, históricos y sociales. [1].
Lenguaje y pensamiento. La unidad mínima significativa no es la palabra, ni siquiera la sintaxis, sino su enunciado. Las acepciones de una palabra adquieren significado en el contexto en el que se utilizan. Las ideas y las palabras se necesitan mutuamente.
El pensamiento en sí mismo es como una nebulosa donde nada está definido. No hay ideas claras y nada es distinto antes de la aparición de la lengua. Pero a su vez tampoco los sonidos son por sí mismos entidades circunscritas de antemano. La sustancia fónica no es un molde a cuya forma el pensamiento tenga que acomodarse necesariamente. Es, más bien, una materia plástica que se divide en partes distintas para suministrar los ‘significantes’ que el pensamiento necesita. Entre esas dos masas amorfas, que son el pensamiento y los sonidos, una ley estructurante, que en el hombre actúa inconscientemente, elabora la lengua, se concreta y define el pensamiento, antes caótico. Esto quiere decir que no sólo pensamos y por eso hablamos, sino que hablamos y por eso pensamos. Pensamos hablando con nosotros mismo.
Lengua y lógica. No basta con que el lenguaje manifieste una serie de enunciados, uno tras otro, con su contenido ideológico inteligible cada uno. Hace falta además, que el lenguaje siga y exprese sistemáticamente el desarrollo de las ideas que se exponen. Este es un tema de gran importancia por sus repercusiones sociales, científicas, filosóficas y educativas. A veces la falta de lógica en el lenguaje es un hecho evidente. Por ejemplo, si alguien dijese: ‘La política debe ser defensora de las libertades humanas; por eso debe haber buenas escuelas de música’
Otras veces, sin embargo, la carencia lógica es mucho más sutil Se pronuncian muchas frases, en discursos hablados o escritos, en que se afirma mucho más o mucho menos, o cosas diversas, de lo que permiten los elementos que se encuentran o que se dan por supuestos, en el proceso seguido. Por lo que estamos expuestos a una multitud de engaños en todos los órdenes.
Lenguaje y realidad. No basta con que el lenguaje sea lógico y coherente¸se requiere, además, que esté de acuerdo con las realidades a las que se refiere. Aunque es bueno advertir que no siempre el hombre se propone expresar con el lenguaje la realidad externa. A veces se requiere expresar la vida interior: reflexiones, emociones, aspiraciones, sentimientos, etc.
Lenguaje y sociedad. El lenguaje es un hecho social. En un legado de la sociedad que, al transmitirlo, transmite su cultura y sus mecanismos de pensar. Lo social, se inserta en la vida individual y hace al individuo capaz de hacerse entender por los demás, en virtud de su comunión en el idioma, con los elementos emocionales y psicológicos que lo acompañan. Pensar con las palabras es dar concreción a nuestro pensamiento para que pueda ser entendido por los demás, es decir, comunicarnos con los demás. Sucede con excesiva facilidad que el lenguaje se vacía de contenido o más grave todavía, se utilizan los conceptos que manifiestan una ruptura con el universo de la significatividad.
Lenguaje y creación literaria. Cada género literario comporta su propio lenguaje: uno es el de la poesía y otro el de la prosa; variando en una y en otra, según que sea lírica, épica, novela, ensayo, etc. y además, cada autor tiene su lenguaje propio. La función de las metáforas no es una simple alusión a los objetos, sino una interpretación de éstos, un designarlos de modo que la imagen evocada por las palabras sugiere el elemento circunstancial que define el momento preciso que se desea poner de relieve dentro de la esencial movilidad de la realidad en cuanto percibida por nuestra vida.
Debemos distinguir entre saber y saber pensar y entre saber pensar y saber darle sentido a su pensamiento, el saber pensar alude a la conciencia y el saber darle sentido al pensamiento. Es más, la persona puede saberlo todo y no entender nada. No se puede prescindir del sentido último cuando hablamos de educación. Malagón lo explica de la siguiente manera
Lenguaje y pensamiento. La unidad mínima significativa no es la palabra, ni siquiera la sintaxis, sino su enunciado. Las acepciones de una palabra adquieren significado en el contexto en el que se utilizan. Las ideas y las palabras se necesitan mutuamente.
El pensamiento en sí mismo es como una nebulosa donde nada está definido. No hay ideas claras y nada es distinto antes de la aparición de la lengua. Pero a su vez tampoco los sonidos son por sí mismos entidades circunscritas de antemano. La sustancia fónica no es un molde a cuya forma el pensamiento tenga que acomodarse necesariamente. Es, más bien, una materia plástica que se divide en partes distintas para suministrar los ‘significantes’ que el pensamiento necesita. Entre esas dos masas amorfas, que son el pensamiento y los sonidos, una ley estructurante, que en el hombre actúa inconscientemente, elabora la lengua, se concreta y define el pensamiento, antes caótico. Esto quiere decir que no sólo pensamos y por eso hablamos, sino que hablamos y por eso pensamos. Pensamos hablando con nosotros mismo.
Lengua y lógica. No basta con que el lenguaje manifieste una serie de enunciados, uno tras otro, con su contenido ideológico inteligible cada uno. Hace falta además, que el lenguaje siga y exprese sistemáticamente el desarrollo de las ideas que se exponen. Este es un tema de gran importancia por sus repercusiones sociales, científicas, filosóficas y educativas. A veces la falta de lógica en el lenguaje es un hecho evidente. Por ejemplo, si alguien dijese: ‘La política debe ser defensora de las libertades humanas; por eso debe haber buenas escuelas de música’
Otras veces, sin embargo, la carencia lógica es mucho más sutil Se pronuncian muchas frases, en discursos hablados o escritos, en que se afirma mucho más o mucho menos, o cosas diversas, de lo que permiten los elementos que se encuentran o que se dan por supuestos, en el proceso seguido. Por lo que estamos expuestos a una multitud de engaños en todos los órdenes.
Lenguaje y realidad. No basta con que el lenguaje sea lógico y coherente¸se requiere, además, que esté de acuerdo con las realidades a las que se refiere. Aunque es bueno advertir que no siempre el hombre se propone expresar con el lenguaje la realidad externa. A veces se requiere expresar la vida interior: reflexiones, emociones, aspiraciones, sentimientos, etc.
Lenguaje y sociedad. El lenguaje es un hecho social. En un legado de la sociedad que, al transmitirlo, transmite su cultura y sus mecanismos de pensar. Lo social, se inserta en la vida individual y hace al individuo capaz de hacerse entender por los demás, en virtud de su comunión en el idioma, con los elementos emocionales y psicológicos que lo acompañan. Pensar con las palabras es dar concreción a nuestro pensamiento para que pueda ser entendido por los demás, es decir, comunicarnos con los demás. Sucede con excesiva facilidad que el lenguaje se vacía de contenido o más grave todavía, se utilizan los conceptos que manifiestan una ruptura con el universo de la significatividad.
Lenguaje y creación literaria. Cada género literario comporta su propio lenguaje: uno es el de la poesía y otro el de la prosa; variando en una y en otra, según que sea lírica, épica, novela, ensayo, etc. y además, cada autor tiene su lenguaje propio. La función de las metáforas no es una simple alusión a los objetos, sino una interpretación de éstos, un designarlos de modo que la imagen evocada por las palabras sugiere el elemento circunstancial que define el momento preciso que se desea poner de relieve dentro de la esencial movilidad de la realidad en cuanto percibida por nuestra vida.
Debemos distinguir entre saber y saber pensar y entre saber pensar y saber darle sentido a su pensamiento, el saber pensar alude a la conciencia y el saber darle sentido al pensamiento. Es más, la persona puede saberlo todo y no entender nada. No se puede prescindir del sentido último cuando hablamos de educación. Malagón lo explica de la siguiente manera
Educación - Comunicación
Como cualquier realidad que pretendamos estudiar, la educación se nos presenta con múltiples facetas que interactúan entre sí. Este fenómeno se hace más complejo si consideramos que los protagonistas de la educación son personas (objeto de estudio: educando/a; y sujeto que lo estudia: investigador/a). Tanto en uno como en otro intervienen múltiples factores o variables que dificultan el conocimiento de los procesos educativos.
En el proceso educativo pueden intervenir acciones planificadas y/o difusas y además interacciones planificadas y/o difusas. Cuando predominan las relaciones difusas la educación proviene del contexto socio-natural (cultura, medios de comunicación, familias...); cuando predominan las planificadas se dice que el agente educativo es la institución educativa (oficialidad, proyectos, planificación, profesionalidad).
Ya que la educación es básicamente interacción, tenemos que recurrir a los procesos propios de la comunicación. La educación se basa en el hecho básico de la comunicación; sin ésta no se podría dar el hecho educativo.
La comunicación tiene varios elementos que entran en juego: la intencionalidad, la semántica, la lógica, la dimensión pragmática o experiencial, la moralidad... aunque nos pueda parecer sencillo el hecho comunicativo como elemento fundamental de la educación es un hecho complejo propiamente del hombre y de una riqueza ilimitada.
El esquema básico es: emisor (con su intencionalidad), mensaje (con su codificación-decodificación), canal (con su soporte, durabilidad...), receptor (con sus prejuicios), las barreras o ruidos del contexto y resultado final. Este esquema se completa y perfecciona con la bidireccionalidad, base del diálogo y que en educación evidencia que el papel de educador y educando son intercambiables.
En la educación el emisor es la fuente de la comunicación, la puesta en marcha del proceso, marca la primera intencionalidad, pero una vez se desencadena el proceso educativo es imprevisible el derrotero y el resultado final.
La tarea educativa debe dedicar mucho esfuerzo a precisar la codificación y decodificación, esa habilidad permite la conexión adecuada, evita los equívocos y facilita el traspaso de información. El lenguaje es el vehículo básico e imprescindible tanto para la comunicación como para la educación, por eso es la herramienta básica del educador y del educando, cuidarlo, enriquecerlo con otros tipos de lenguaje (no verbal, incidental...) y dominarlo es fundamental para el quehacer educativo.
Junto a las técnicas de comunicación está el dominio de los contenidos. Junto al cómo, el qué; esto exige también conocer los contextos ambivalentes, las posibilidades de ambigüedad, etc. La transmisión de hechos, experiencias, cifras, estados de ánimo o habilidades artísticas, exige estar cerca de esos mundos, sus causas y consecuencias.
En el proceso educativo pueden intervenir acciones planificadas y/o difusas y además interacciones planificadas y/o difusas. Cuando predominan las relaciones difusas la educación proviene del contexto socio-natural (cultura, medios de comunicación, familias...); cuando predominan las planificadas se dice que el agente educativo es la institución educativa (oficialidad, proyectos, planificación, profesionalidad).
Ya que la educación es básicamente interacción, tenemos que recurrir a los procesos propios de la comunicación. La educación se basa en el hecho básico de la comunicación; sin ésta no se podría dar el hecho educativo.
La comunicación tiene varios elementos que entran en juego: la intencionalidad, la semántica, la lógica, la dimensión pragmática o experiencial, la moralidad... aunque nos pueda parecer sencillo el hecho comunicativo como elemento fundamental de la educación es un hecho complejo propiamente del hombre y de una riqueza ilimitada.
El esquema básico es: emisor (con su intencionalidad), mensaje (con su codificación-decodificación), canal (con su soporte, durabilidad...), receptor (con sus prejuicios), las barreras o ruidos del contexto y resultado final. Este esquema se completa y perfecciona con la bidireccionalidad, base del diálogo y que en educación evidencia que el papel de educador y educando son intercambiables.
En la educación el emisor es la fuente de la comunicación, la puesta en marcha del proceso, marca la primera intencionalidad, pero una vez se desencadena el proceso educativo es imprevisible el derrotero y el resultado final.
La tarea educativa debe dedicar mucho esfuerzo a precisar la codificación y decodificación, esa habilidad permite la conexión adecuada, evita los equívocos y facilita el traspaso de información. El lenguaje es el vehículo básico e imprescindible tanto para la comunicación como para la educación, por eso es la herramienta básica del educador y del educando, cuidarlo, enriquecerlo con otros tipos de lenguaje (no verbal, incidental...) y dominarlo es fundamental para el quehacer educativo.
Junto a las técnicas de comunicación está el dominio de los contenidos. Junto al cómo, el qué; esto exige también conocer los contextos ambivalentes, las posibilidades de ambigüedad, etc. La transmisión de hechos, experiencias, cifras, estados de ánimo o habilidades artísticas, exige estar cerca de esos mundos, sus causas y consecuencias.
Educación - Realidad
La educación es una Einführung in die Wirklichkeit, es decir, la educación es introducción a la realidad, a una realidad total. La palabra ‘realidad’ es para la palabra ‘educación’ como la meta para el camino[1].
La educación es tan antigua como el hombre. El problema se plantea cuando se pretende analizar la ideología de las distintas definiciones de educación, porque cada definición entraña una filosofía personal, una manera de comprender el mundo y la vida. Así llegamos a un planteamiento previo, la educación, que en cualquier caso es perfeccionamiento, está ligada a la visión ideal del hombre y su papel en el mundo.
Antes de adentrarnos a desentrañar la maraña llamada ‘educación’. Vamos a contemplar las perspectivas que se vislumbran cuando tomamos conciencia de lo que supone comunicarse con un lenguaje, en una lengua, en un idioma, en un habla. Porque si bien es cierto que la educación implica un proceso dinámico de perfeccionamiento, también es cierto que sin una comunicación eficaz no es posible la educación.
La educación es tan antigua como el hombre. El problema se plantea cuando se pretende analizar la ideología de las distintas definiciones de educación, porque cada definición entraña una filosofía personal, una manera de comprender el mundo y la vida. Así llegamos a un planteamiento previo, la educación, que en cualquier caso es perfeccionamiento, está ligada a la visión ideal del hombre y su papel en el mundo.
Antes de adentrarnos a desentrañar la maraña llamada ‘educación’. Vamos a contemplar las perspectivas que se vislumbran cuando tomamos conciencia de lo que supone comunicarse con un lenguaje, en una lengua, en un idioma, en un habla. Porque si bien es cierto que la educación implica un proceso dinámico de perfeccionamiento, también es cierto que sin una comunicación eficaz no es posible la educación.
Concepto de educación
Todo el mundo tiene algo que decir si se le pregunta sobre la educación. Ésta es objeto de debate desde varias perspectivas. Los especialistas se reúnen periódicamente y debaten aspectos relativos a la misma. Casi todos los días en los medios de comunicación se hace referencia a la educación, sea directa o indirectamente. Los políticos también tratan temas educativos. En general, la sociedad se manifiesta a favor o en contra de cualquier cuestión referida al sistema educativo; los padres participan en los procesos educativos institucionalizados, las instituciones sociales también.
La educación ha dejado de ser territorio exclusivo de las personas directa y tradicionalmente implicadas en ella como la familia y los profesionales. Se ha convertido, por su repercusión en el desarrollo de los pueblos, en una cuestión básica para la sociedad y por tanto exige atención y participación en ella. Actualmente, es un asunto de Estado y supra estatal. Es por ello que la educación se constituye en un derecho y un deber particular y público, en un bien adscrito a la persona y a la comunidad (Sanvisens, 1984).
La educación por tanto es tan antigua como la propia historia del hombre. La base biológica de la educación es precisamente su estado intrínseco de carencia en relación a otras especies. El ser humano nace con dos cualidades: extremadamente necesitado y abierto a adaptarse, a aprender. Esta apertura pluripotencial está en la base de la educabilidad.
La educación así es una cualidad trascendente al ser humano, que le relaciona con el entorno, con las demás personas precedentes, actuales o que vendrán; trasciende su aquí y ahora; poniéndole en contacto también tanto con los cercanos como con los que están en la otra parte del planeta.
El concepto de educación puede observarse desde múltiples perspectivas: psicológica, histórica, filosófica, política, económica, biológica, religiosa, artística o técnica. La teoría de la educación busca hacer síntesis de estas disciplinas para poder sacar conclusiones en el ámbito pedagógico.
Debemos huir de comprender la educación como un acto determinista, predecible; en este caso hablaríamos de adiestrar. Educar siempre es en parte educar-se, y por tanto tiene mucho de protagonismo el propio sujeto, de autonomía y autogestión.
La educación ha dejado de ser territorio exclusivo de las personas directa y tradicionalmente implicadas en ella como la familia y los profesionales. Se ha convertido, por su repercusión en el desarrollo de los pueblos, en una cuestión básica para la sociedad y por tanto exige atención y participación en ella. Actualmente, es un asunto de Estado y supra estatal. Es por ello que la educación se constituye en un derecho y un deber particular y público, en un bien adscrito a la persona y a la comunidad (Sanvisens, 1984).
La educación por tanto es tan antigua como la propia historia del hombre. La base biológica de la educación es precisamente su estado intrínseco de carencia en relación a otras especies. El ser humano nace con dos cualidades: extremadamente necesitado y abierto a adaptarse, a aprender. Esta apertura pluripotencial está en la base de la educabilidad.
La educación así es una cualidad trascendente al ser humano, que le relaciona con el entorno, con las demás personas precedentes, actuales o que vendrán; trasciende su aquí y ahora; poniéndole en contacto también tanto con los cercanos como con los que están en la otra parte del planeta.
El concepto de educación puede observarse desde múltiples perspectivas: psicológica, histórica, filosófica, política, económica, biológica, religiosa, artística o técnica. La teoría de la educación busca hacer síntesis de estas disciplinas para poder sacar conclusiones en el ámbito pedagógico.
Debemos huir de comprender la educación como un acto determinista, predecible; en este caso hablaríamos de adiestrar. Educar siempre es en parte educar-se, y por tanto tiene mucho de protagonismo el propio sujeto, de autonomía y autogestión.
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